Enseñando a manejar la ira

pictUsualmente nos indican los expertos que, en los momentos de enojo o ira, lo mejor es dar una buena caminata. Sin embargo, no siempre nos puede resultar efectiva. ¿Por qué?

En los momentos de enojo profundo o ira la sangre se pone en punto ebullición… El rostro se sonroja, las manos sudan, las venas de la cabeza palpitan. Es decir, la sangre tiene a ascender al cerebro y se distribuye a las manos colocan al cuerpo en una posición de alerta para golpear o defenderse, se hiperventila, aumenta la taza cardíaca, etc. Es parte de nuestro mecanismo natural de respuesta de estrés.

Por ello, para calmar el ánimo se recomienda caminar, de esa forma se obliga a la sangre, por medio del ejercicio, a descender a los miembros inferiores, impidiendo que siga irrigando en demasía la parte superior.

El error existe en que las personas consideran que con solo el ejercicio físico podrán relajar el estado en el que el cuerpo se encuentra. Y durante esa caminata piensan en lo sucedido, siguen “rumiando” la situación, el famoso “tendría que haber dicho”, que no lleva a ningún fin.

Es decir, estamos forzando al cuerpo a redireccionar el flujo sanguíneo y energético, pero por otra parte con nuestros pensamientos seguimos avivando el fuego del enojo.

Por eso, lo importante no es solo el ejercicio, sino que lo principal es en que estamos pensando para bajar el nivel de estrés para no generar un desgaste aún mayor de nuestras emociones y nuestro cuerpo.

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